sab 3a. Ordinario año impar (Id=109)
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Tengo los ojos puestos en el Señor, porque él me libra de
todo peligro. Mírame, Dios mío, y ten piedad de mí, que estoy solo y afligido.
Oremos:
Nos acogemos, Señor, a tu providencia, que nunca se equivoca, y te pedimos
humildemente que apartes de nosotros todo mal y nos concedas aquello que pueda
contribuir a nuestro bien.
Por nuestro Señor Jesucristo.
Amén.
Esperaba la ciudad cuyo arquitecto y constructor iba a ser
Dios
Lectura de la carta a los Hebreos
11, 1-2.8-19
Hermanos: La fe es el fundamento de lo que se espera y la
prueba de lo que no se ve. Por ella obtuvieron nuestros antepasados la
aprobación de Dios. Por la fe, Abrahán, obediente a la llamada divina, salió
hacia una tierra que iba a recibir en posesión, y salió sin saber a dónde iba.
Por la fe vivió como extranjero en la tierra que se le había prometido,
habitando en tiendas; y lo mismo hicieron Isaac y Jacob, herederos como él de
la misma promesa. Vivió así porque esperaba una ciudad de sólidos cimientos,
cuyo arquitecto y constructor es Dios.
Por la fe, a pesar de que Sara era estéril y de que él mismo ya no tenía la
edad apropiada, recibió fuerza para fundar una descendencia, porque confió en
quien se lo había prometido. Por eso, de un solo hombre, sin vigor ya para
engendrar, salió una descendencia numerosa como las estrellas del cielo e
incontable como la arena de la orilla del mar.
Todos estos murieron sin haber conseguido la realización de las promesas, pero
a la luz de la fe las vieron y saludaron de lejos, confesando que eran
extranjeros y peregrinos sobre la tierra. Los que así hablan ponen de
manifiesto que buscan una patria.
Indudablemente, si la patria que añoraban era aquella de donde habían salido,
oportunidad tenían de regresar a ella. Pero a lo que aspiraban era a una patria
mejor, la del cielo. Por eso Dios no se avergüenza de que le llamen su Dios,
porque les preparó una ciudad.
Por la fe, Abrahán, sometido a prueba, estuvo dispuesto a sacrificar a Isaac; y
era su hijo único a quien inmolaba el que había recibido las promesas, aquel a
quien se había dicho: De Isaac te nacerá una descendencia.
Pensaba Abrahán que Dios era capaz de resucitar a los muertos. Por eso el
recobrar a su hijo fue para él como un símbolo.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Lc
1, 70, 71-72.73-75
Bendito sea el Señor, que ha visitado a su pueblo.
Benedíctus Dóminus Deus Israel, quia visitávit plebem suam.
Nos ha suscitado una fuerza salvadora en la familia de
David, su siervo: como lo había prometido desde antiguo por medio de sus santos
profetas.
Bendito sea el Señor, que ha visitado a su pueblo.
Benedíctus Dóminus Deus Israel, quia visitávit plebem suam.
Para salvarnos de nuestros enemigos y del poder de todos los
que nos odian. De este modo mostró el Señor su misericordia a nuestros
antepasados y se acordó de su santa alianza.
Bendito sea el Señor, que ha visitado a su pueblo.
Benedíctus Dóminus Deus Israel, quia visitávit plebem suam.
Del juramento que hizo a nuestro antepasado Abrahán, para
concedernos que, libres de nuestros enemigos, podamos servirlo sin temor, con
santidad y justicia en su presencia toda nuestra vida.
Bendito sea el Señor, que ha visitado a su pueblo.
Benedíctus Dóminus Deus Israel, quia visitávit plebem suam.
Aclamación antes del Evangelio
Aleluya, Aleluya.
Tus palabras, Señor, son espíritu y son vida; tú tienes palabras de vida
eterna.
Sic Deus diléxit mundum, ut
Fílium suum unigénitum daret; omnis qui credit in eum habet vitam aetérnam.
Aleluya.
¿Quién es éste? ¡Hasta el viento y las aguas le obedecen!
† Lectura del santo Evangelio según san Marcos
4, 35-41
Gloria a ti, Señor.
Aquel día, al caer la tarde, Jesús dijo a sus discípulos:
"Pasemos a la otra orilla".
Ellos dejaron a la gente y lo llevaron en la barca, tal como estaba. Otras
barcas lo
acompañaban. Se levantó entonces una fuerte tempestad y las olas entraban en la
barca, de manera que la barca estaba ya hundiéndose.
Jesús estaba en la popa, durmiendo sobre un cojín; y lo despertaron,
diciéndole:
"Maestro, ¿no te importa que nos hundamos?"
El se levantó, ordenó calmarse al viento y dijo al lago:
"¡Cállate! ¡Enmudece!"
El viento amainó y sobrevino una gran calma.
Y a ellos les dijo:
"¿Por qué son tan cobardes? ¿Todavía no tienen fe?"
Ellos se llenaron de un gran temor y se decían unos a otros:
"¿Quién es éste, que hasta el viento y el lago lo obedecen?"
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Confiados
en tu misericordia, Señor, venimos a tu altar con nuestros dones a fin de que
te dignes purificarnos por este memorial que estamos celebrando.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Restauración universal en Cristo
En
verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre
y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno, por Cristo
nuestro Señor.
A quien hiciste fundamento de todo y de cuya plenitud quisiste que
participáramos todos. El cual, siendo Dios, se anonadó a sí mismo, y por su
sangre derramada en la cruz, puso en paz todas las cosas. Y así, constituido
Señor del universo, es fuente de salvación eterna para cuantos creen en Él.
Por eso,
con los ángeles y los arcángeles y con todos los coros celestiales, cantamos
sin cesar el himno de tu gloria:
[Misa]
Yo te invoco, porque tú me respondes, Dios mío; inclina el
oído y escucha mis palabras.
Oración después de la Comunión
Oremos:
Padre Santo, tú que nos has alimentado con el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo,
guíanos por medio de tu Espíritu a fin de que, no sólo con palabras, sino con
toda nuestra vida podamos demostrarte nuestro amor
y así merezcamos entrar al Reino de los cielos.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén
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